EL RECOCIMIENTO: OTRA FORMA DE RESISTENCIAPARA LA PERPETUACIÓN DE LA VIDA AFRODIASPORA

junio 14, 2024


Para hablar de reconocimiento como estrategia de resistencia en contra del racismo y de las otras formas de represión, es necesario establecer su origen epistemológico. Así, podemos determinar que la palabra reconocimiento emana del latín, más concretamente se halla conformado por tres partes de esta lengua: el prefijo «re», que es equivalente a «repetición», el verbo «cognocerse», que puede traducirse como «conocer»; y finalmente el sufijo «mento», que es sinónimo de instrumento. De esta manera, podemos entender el reconocimiento como la acción y efecto de reconocer y reconocerse (https://definicion.de/reconocimiento/).

En este sentido, el reconocer nuestras virtudes, nuestra ancestralidad, nuestra fuerza, nuestra historia, nuestros gustos, nuestras formas de ser, nuestras riquezas y nuestras luchas nos permite reconocernos a nosotros y nosotras mismas. Reconociendo el que, y el como soy, puedo defenderme ante la discriminación y redirigir los posibles efectos negativos de acciones discriminatorias en armas de resistencia en contra de la muerte a la que históricamente hemos sido condenados por la idea de la raza.

Es por medio del reconocimiento de nuestro origen, nuestras raíces y en otras palabras el reconocimiento de nuestra identidad como podemos resistir ante el racismo, el machismo, la exclusión, la homofobia, la xenofobia, la persecución y más prácticas de segregación que dividen las sociedades. El reconocimiento nos permite conocer nuestra herencia cultural, étnica, política y espiritual con la que nos podemos reconocer a nosotros y nosotras mismas como sujetos libres y dignos de derecho. Es solo reconociendo nuestras raíces como podemos pelear por la perpetuación y resistencia de nuestra herencia ancestral.

El reconocimiento nos permite tener fundamentos para negarnos a olvidar nuestro origen, nuestra cultura, nuestras riquezas ancestrales y nuestra manera de hacer las cosas desde nuestras formas. Reconocernos como negros y negras, es una acción política, moral y de resistencia, una acción que busca resignificar nuestro nombre, nuestro origen e importancia en la sociedad, y más que resignificar nuestro origen e importancia, reconocernos como negro o negra nos permite darnos un lugar en la sociedad, y no un lugar para pelear, ni para robar ni para matar tal como se nos ve, sino un lugar que nos permita posicionarnos en las sociedades para decir que aquí estamos, y que somos capaces de hacer las cosas, y no solo de hacerlas, sino también hacerlas desde nosotros y nosotras mismas. Con esto de nosotros y nosotras mismas, me refiero a que la gente negra hace y siempre ha hecho las cosas sin pisar al otro, una forma que nos ínsita a juntanza, desde el colectivo y lo más importante desde la diversidad, desde el respeto y el reconocimiento del otro y la otra como persona digna de derecho.

Tal como lo menciona Campbell (2020), en su poema rotundamente negra, debemos negarnos a olvidar nuestra historia, nuestra piel, nuestras raíces, nuestros gustos, nuestra esencia, nuestra sangre, nuestro rostro, nuestro origen y nuestra voz. Debemos negarnos categóricamente a dejar de hablar nuestra lengua, nuestra acción y nuestra historia.

Desde nuestra experiencia, hablar de reconocimiento es hablar automáticamente de la asociación casa cultural el chontaduro. Este es un lugar situado en la ciudad de Cali, más exactamente en el distrito de agua blanca, un lugar que al igual que muchos otros sectores de la ciudad es olvidado por el estado. El chontaduro es un lugar donde se nos ha acercado a nuestra herencia ancestral, histórica, cultural y espiritual. El chontaduro, más conocido como el “chonta”, ha sido portador de esa complicidad que por medio de la pedagogía del amor nos permite tener una mirada más cercana a lo que somos y a la herencia cultural y de resistencia que nos dejaron nuestros ancestros y ancestras negras.

El reconocimiento nos brinda autoestima. Autoestima, entendida desde el amor por mí mismo y por el semejante. de esta manera podemos seguir haciendo vida, y no solo vida, sino vida afrodiasporica, una vida que nos conecte con nuestras raíces, una vida en la que me reconozco como afrodescendiente y lo que esto implica en un país racista y excluyente. Reconociendo nuestra historia nos sentimos más fuertes, ya que conozco y reconozco el por qué y el cómo pasan y pasaron las cosas históricamente y como ha sido la resistencia de la gente negra para resistir ante la exclusión racial. Debemos seguir formando vidas desde lo afro, desde lo que somos y no desde lo que nos han querido imponer. Debemos romper con los estereotipos y características que nos han querido obligar a creer que tenemos, y alejándonos de lo que realmente somos, y esto no se puede lograr si antes no reconocemos nuestro origen, nuestra sangre y nuestra historia.

Reconocernos a nosotros y nosotras mismas, nos permite ser libres, y nos libera también de cargas que no nos pertenecen, y nos brindan herramientas e interés de luchar por lo que sí es nuestro y nos pertenece. Reconocernos no es solo saber de dónde vengo, sino también asumir el compromiso que implica reconocerse. Como sobrevivientes de nuestra historia, y beneficiarios de esfuerzos que otros y otras hicieron, debemos sumar estrategias de resistencia que nos permitan perpetuar nuestras vidas, nuestras raíces y nuestra memoria ancestral.

Es muy común escuchar el refrán: “quien no conoce su historia está condenada a repetirla”, pero también se nos debe volver común decir que nos resistimos a volver a repetir la historia por medio del reconocimiento. no podemos seguir creyendo que el pobre es pobre porque quiere, ni que el negro está destinado a ser esclavo del blanco. Freire (2013) decía que “la realidad no es así, la realidad está así. Y esta así no porque ella quiera, ninguna realidad es dueña de sí mismo, esta realidad está así porque estando así sirve a determinados intereses del poder” (p. 63).

Esto nos lleva pensar que soñarse con un mejor mañana es posible, y que por medio del reconocimiento podemos cambiar la realidad en la que vivimos y entregarles a las nuevas generaciones nuevas y mejoradas estrategias de resistencia, pero sin olvidar nuestra ancestralidad.


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